Jubilación a tu manera: vivir cómo quieras

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Hay ocasiones en las que los árboles no nos dejan ver el bosque al planificar nuestra jubilación dorada. La rutina, el trabajo y las preocupaciones del día a día pueden nublar nuestro juicio. Incluso para las personas más exitosas puede ser complicado pensar de forma estratégica y a largo plazo. La historia de Inmaculada Puebla es una gran ejemplo.

Inmaculada podría haber dejado de trabajar hace años, y sin embargo ha decidido seguir trabajando, eso sí, haciendo lo que la apasiona. Según sus propias palabras, “me encanta viajar y trabajar y por eso no voy a dejar de hacerlo”. Además, ahora también vive exactamente donde quiere, en el ático de sus sueños, desde donde puede ver toda la sierra madrileña y disfrutar de otras de sus dos pasiones: el sol y la luz.

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Así es la jubilación dorada de Inmaculada, activa como pocas y muy luminosa. El camino hasta llegar a ella, sin embargo, no ha estado exento de baches y traspiés financieros. Licenciada en Físicas pero apasionada de las nuevas tecnologías, su carrera profesional había transcurrido siempre dentro del ámbito de la gran empresa hasta que la docencia se cruzó en su camino. “Entrar en el mundo docente fue más casualidad y algo que hice sobre la marcha”, recuerda. Tanto es así que todo fue a través de un antiguo amigo que le pidió que empezase a impartir clases de Física en una universidad madrileña. “Le advertí que quizás sería mejor una persona con mayores conocimientos, que hacía tiempo que yo no me dedicaba a ello, pero me aseguró que precisamente eso era lo que buscaba, una persona capaz de explicarlo todo de forma más práctica”, recalca. Y así como es como comenzó su periplo docente, primero como profesora externa y ahora ya como una doctora de pleno derecho en otra universidad diferente, esta privada.

Claro que ese paso tuvo sus efectos financieros. “Cuando pasas de la empresa a la Universidad, el sueldo es menor” explica Inmaculada, que vio cómo se le acumulaban los problemas económicos con dos nombres propios: la hipoteca (en realidad dos hipotecas) y dos préstamos personales. Como la mayoría de españoles, Inmaculada seguía viviendo en la casa familiar donde había criado a sus dos hijos, muy grande, con muchos gastos y menos luminosa de lo que quería. Con un salario menor, hacer frente a la hipoteca y a los préstamos empezaba a ser un problema, sobre todo ahora que había llegado el momento de disfrutar más de la vida sin responsabilidades para con sus hijos.

Inmaculada decidió afrontar el problema de cara: empezó por usar el dinero que preahorraba cada mes para reducir la deuda usando el método cascada. Comenzó eliminando un préstamo personal que había pedido para una emergencia familiar y que suponía 300 euros al mes. Cuando terminó con él uso esos 300 euros para pagar el préstamo del coche en tiempo récord. En cuanto a la casa, había pensado en venderla o en refinanciar la hipoteca, pero se prefirió enfocar el problema desde una óptica diferente. Su vivienda era un activo financiero al que podía sacar partido y con la que podía cumplir su sueño: vivir en un ático para poder tener más luz.

Empezó a buscar áticos y la casualidad quiso que se alquilase uno justo en el mismo edificio. Inmaculada no lo dudó, firmó el contrato de arrendamiento y puso su vivienda en alquiler. Con el dinero que sacaba podía afrontar la hipoteca y además le generaba una pequeña renta todos los meses con la que completar el salario. Así aprovechaba al máximo su casa para construir su jubilación dorada. El ático era más pequeño, pero tenía todo lo que ella quería, incluida una habitación para cuando la visitan sus nietos. ¡No necesitaba más! De un plumazo había solucionado el problema de la hipoteca y había cumplido uno de sus objetivos vitales en cuanto a vivienda.

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El caso de Inmaculada es un ejemplo de cómo tener éxito profesional no siempre se traduce en tener éxito financiero. Cuánto cobras no es la cifra que marca si tienes o no éxito en la vida. También es un gran recordatorio sobre cómo detenerse a analizar la situación con una visión diferente puede dar muy buenos frutos. “Antes pedía préstamos para financiar todo porque era más fácil. Ahora ya no lo hago. Hay que vivir con lo que se tiene” explica.

Además, la vivienda sólo cuenta una de las historias de Imaculada. Como ella misma reconoce, no es el único error financiero que estaba cometiendo. Los otros dos eran gastar demasiado con las tarjetas de crédito y haber contratado productos financieros que no necesitaba.

Con las tarjetas de crédito le pasaba lo que le ocurre a muchas personas: “no ves claramente lo que gastas”. Y eso, para una persona a la que le “encanta ir a la moda” puede convertirse en un problema. Así que Inmaculada puso freno al problema haciendo un simple ejercicio de reflexión: ¿Qué era lo más importante para ella? Vivir tranquila y viajar, no comprar tanta ropa. Eso la llevó a gastar menos y hacer un mejor uso de las tarjetas. Hoy en día sigue sin llevar casi dinero en efectivo pero “miro lo que gasto con la tarjeta y tengo menos tarjetas”.

En cuanto a la inversión, su caso tampoco es tan diferente del de miles de españoles que acudieron al banco a preguntar y salieron con un plan de pensiones bajo el brazo. “En el banco me convencieron de que era una buena idea, que además desgravaba en la declaración de la renta. Yo veía cómo los mercados subían y mi plan apenas me daba nada, lo comentaba con el banco pero como no entendía bien las explicaciones pensaba que era lo normal”. Nada más lejos de la realidad, lo que ocurre, como ella misma asegura es que “el banco invierte en lo que le interesa, no en lo mejor para ti” y eso se nota en términos de rentabilidad.

Además, cuando necesitó el dinero del plan de pensiones no pudo rescatarlo, algo que no le habían contado en el banco, como tampoco que al rescatar el dinero tendría que pagar casi la mitad de su ahorro en impuestos. Y estas son solo dos verdades ocultas de los planes que nadie en el banco te va a decir. Inmaculada tiene a día de hoy ese plan de pensiones (no puede hacer otra cosa), pero no realiza aportaciones y cuenta con un asesor financiero para que le ayude a sacar partido a sus ahorros.

Así, Inmaculada vive la jubilación que siempre había deseado, manteniéndose activa y viviendo en el ático de sus sueños.

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