Jubilación a tu manera: vivir donde quieras

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Vivir como quieras y dónde quieras en cada momento del año. ¿A que no suena mal? Y mucho menos como plan de jubilación, cuando de verdad tienes tiempo y movilidad. Así es como Raquel y Raúl veían su jubilación dorada que ahora están disfrutando.

Residentes en Santander de toda la vida, empresario y funcionaria, el camino de Raquel y Raúl  ha sido el de muchas otras parejas primero y familia después. La diferencia es que en su momento supieron ver lo que querían para su jubilación dorada, cómo querían pasar ese tiempo de retiro, y se planificaron para conseguirlo.

Raquel y Raúl tienen tres hijos y durante muchos años vivieron en una urbanización con piscina y su casa de cuatro habitaciones. Con el tiempo sus hijos fueron creciendo y abandonando la vivienda familiar para estudiar fuera (las opciones formativas en ciudades más pequeñas son limitadas). Durante ese tiempo mantuvieron su casa y siguieron con sus vidas, ahorrando e invirtiendo todos los meses, disfrutando de los amigos, viajando cuando podían y esperando las visitas de sus hijos. Poco a poco, sus hijos fueron colocándose: el primero en la empresa familiar, donde ahora ejerce de director general y ha ayudado a su proceso de internacionalización; la segunda con una aventura internacional en Gran Bretaña; y la tercera en Barcelona, donde estudió empresariales. Y también fueron teniendo familia.

El hijo mayor encontró una gran oportunidad de compra en el piso contiguo al de sus padres y la aprovechó. El resto siguieron de alquiler en sus respectivas ciudades.

La casa familiar se estaba quedando ya grande, sólo el hecho de que dos de las hijas residiesen fuera, hacía que todavía tuviese sentido mantenerla. Surgió entonces una oportunidad, mitad fortuna mitad anhelo. Raquel siempre había querido vivir el barrio donde se crió y por eso buscaba de vez en cuando casas. En una de sus búsquedas vio la misma casa en la que vivió en venta (ahora troceada en pequeños pisos). No se lo pensó dos veces, era uno de sus sueños. Lo habló con Raúl e hicieron números. ¡Podían comprarla! Aunque para ello debían renunciar a la vivienda familiar y cambiarse a un piso de sólo una habitación.

La fortuna quiso que su hijo mayor necesitase ampliar su casa, que curiosamente estaba al lado de la familiar de toda la vida. Los números cuadraban todavía más porque con una pequeña hipoteca a 7 años podían mantener parte de la vivienda de toda la vida para las visitas de sus hijas y vender la otra a su hijo. Así lo hicieron y la fortuna quiso que la jugada les saliese redonda, ya que ahora otra de las hijas vive en Santander, en esa casa familiar, durante los primeros meses de forma gratuita y ahora pagando un modesto alquiler.

Esta es solo una parte de la historia de Raquel y Raúl. Los dos son unos enamorados de Santanter pero también quieren disfrutar de un clima más benévolo durante parte del año. Unos amigos suyos habían comprado hace poco un piso en Murcia a precio de derribo gracias a la crisis y esa era una idea que les atraía. Mezcla de nuevo entre casualidad y deseo, su nuera, de Conil (Cádiz), les comentó que en su pueblo estaban vendiendo casas a muy buen precio.

De nuevo hicieron números… A esas alturas de su vida (57 años) harían algún gran viaje más, pero no todos los veranos ni mucho menos. Podían veranear en Conil y así amortizarían la vivienda. Sí, la casa costaría dinero, pero llevaban toda la vida ahorrando y podían permitírselo. Además, le sacarían mucho provecho llegado el momento de la jubilación. Finalmente se decidieron a seguir adelante.

Y así pasaron 10 años más, entre visitas a Conil, viajes a Barcelona a disfrutar de sus nietos y el siempre complicado traspaso de poderes dentro de la empresa familiar. Hoy en día Raquel y Raúl están jubilados, viven en el barrio en el que Raquel siempre soñó vivir, pero sólo durante los meses que el tiempo acompaña en Santander. ¿El resto del año? Lo pasan en Conil, donde pueden ir a la playa, pasear y, además, la vida es mucho más barata…

Raquel y Raúl tienen la jubilación dorada que se plantearon, pero siguen siendo previsores y ahorran para ese gran viaje que les sigue gustando hacer cada dos o tres años, a poder ser poniendo a toda la familia de acuerdo.

 

 

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