El FOMO de las salidas a bolsa: ¿Es una buena idea invertir en ellas?

SpaceX será la primera; después vendrán las empresas de la IA: Antropic y OpenIA. En 2026 vamos a ver tres de las mayores salidas a bolsa de la historia. De hecho, si la compañía de Elon Musk consigue su objetivo de levantar 75.000 millones de dólares, será la mayor operación de la historia, muy por delante de la anterior (la petrolera saudí Aramco con 25.600 millones en 2019).

🚀 El atractivo es evidente. Hablamos de empresas asociadas a algunos de los grandes temas de futuro: el espacio, la inteligencia artificial y la tecnología que puede marcar los próximos años. Además, cuando uno recuerda cómo empezaron gigantes como Apple, Microsoft o Netflix, la tentación de pensar “esta vez no me lo puedo perder” aparece rápido. ¿Realmente es así?

En las siguientes líneas vamos a ver en qué consiste una IPO o salida a bolsa, cómo funcionan y si suele ser rentable invertir en ellas. Ya te adelanto que yo no voy a hacerlo. Tengo un plan muy claro y bastante más aburrido que no incluye este tipo de aventuras. Por si no lo tienes claro, puedes consultar mi ranking de mejores productos de inversión a largo plazo y ya te podrás hacer una idea de cuál es. 

¿Qué es una salida a bolsa?

Una salida a bolsa es el momento en el que una empresa empieza a cotizar en un mercado organizado y sus acciones pasan a poder comprarse y venderse por los inversores libremente y de forma rápida. 

🎩 Hasta ese momento, la compañía suele estar en manos de sus fundadores, empleados, fondos de capital riesgo u otros inversores privados. Al salir a bolsa, una parte de esas acciones se abre al mercado.

💼 También es posible invertir en empresas que no cotizan como start ups y cualquier otra compañía (es lo hace el private equity o capital riesgo). Sin embargo, 

➡️ La forma más conocida es la OPV, oferta pública de venta o IPO en inglés (initial public offering). En este caso, uno o varios accionistas venden parte de sus acciones al público. 

➡️ También puede hacerse mediante una OPS, oferta pública de suscripción, que es cuando la empresa emite acciones nuevas para captar dinero. 

La diferencia entre ambas es que en una OPV venden accionistas existentes; en una OPS entra dinero nuevo en la compañía. Y eso que parece menor es clave, como veremos más adelante. 

En ambos casos, antes de la operación se fija un rango de precio, se publica un folleto informativo y se intenta medir cuánta demanda hay entre inversores institucionales y particulares. Después llega el primer día de cotización, que es el momento más visible para el público.

Muchas OPV y OPS en España no cuentan con tramo para minoristas, es decir, para particulares. Se ofrecen a inversores institucionales como fondos, family offices y personas con músculo para invertir grandes cantidades. 

Ese primer día suele concentrar muchos titulares, pero no siempre es el más importante para tomar una decisión. La salida a bolsa es solo el punto de partida: a partir de ahí, la empresa tendrá que demostrar con resultados si el precio al que salió tenía sentido.

¿Es buena idea invertir en una salida a bolsa? Lo que dicen los números

La idea de invertir en una salida a bolsa suele apoyarse en los grandes casos de éxito. Apple, Microsoft, Amazon o Netflix salieron a bolsa cuando todavía estaban lejos de ser lo que son hoy. Visto con perspectiva, parece evidente que habría sido una gran inversión.

😨 El problema es que esa mirada tiene mucho sesgo de supervivencia. Recordamos las empresas que funcionaron muy bien y olvidamos todas las que salieron a bolsa, generaron titulares durante unas semanas y después tuvieron una evolución mucho más discreta.

Los datos ayudan a poner esa intuición en contexto. Jay Ritter, uno de los académicos que más ha estudiado las salidas a bolsa, analizó 1.526 IPOs en Estados Unidos entre 1975 y 1984. Tres años después de empezar a cotizar, esas empresas habían ganado de media un 34,5%, frente al 61,9% de un grupo de compañías comparables.

Los datos más recientes van en la misma dirección. En una muestra de unas 9.300 salidas a bolsa en Estados Unidos entre 1980 y 2024, comprar al cierre del primer día y mantener durante tres años habría dado una rentabilidad unos 21 puntos inferior a la de un índice ponderado por capitalización. Incluso entre las empresas grandes, con más de 500 millones de dólares de ingresos, la rentabilidad media quedó unos 4 puntos por debajo del mercado.

Aquí puedes ver una representación gráfica de lo que pasó 180 días después de las grandes IPO de los últimos años.

Esto no significa que todas las salidas a bolsa sean malas inversiones siempre. Significa que comprar una empresa solo porque acaba de salir a bolsa no es una estrategia sólida

La diferencia entre entrar al precio reservado para la operación y comprar cuando la acción ya cotiza puede ser enorme. De hecho, las IPOs estadounidenses han tenido históricamente una subida media cercana al 19% el primer día, una ganancia que suele beneficiar sobre todo a quienes acceden al precio inicial.

Por eso, la decisión no debería depender del ruido del estreno. Tiene más sentido preguntarse si el precio es razonable, si entiendes el negocio y qué peso tendría esa compra dentro de una cartera bien diversificada

Además, por supuesto, de saber que después de esos primeros días el precio de la acción puede caer cuando termina la fiebre compradora y el periodo de lock out.

El periodo de lock out es un periodo que suele durar 180 días donde los insiders o dueños de las acciones de la empresa no pueden vender sus títulos. Este periodo sirve de protección para el inversor y, sobre todo, para el banco que se encarga de la salida a bolsa porque evita ventas masivas de los actuales dueños. En el siguiente punto entenderás por qué suele suceder.

Por qué las salidas a bolsa generan tanto interés

Las salidas a bolsa tienen algo que pocas inversiones consiguen: una historia fácil de entender. Una empresa conocida, un fundador mediático, una tecnología prometedora y la sensación de que estás viendo el nacimiento de algo grande.

Esa combinación funciona muy bien desde el punto de vista de la comunicación. Durante semanas se habla de la compañía, de su potencial y de todo lo que podría llegar a valer en el futuro. A partir de ahí aparece el FOMO, el miedo a quedarse fuera de una oportunidad que parece única.

El problema es que ese entusiasmo también puede trasladarse al precio. En una salida a bolsa, la empresa y sus bancos colocadores intentan fijar un precio atractivo para que la operación salga adelante, pero también lo bastante alto como para captar el máximo dinero posible o permitir que los accionistas actuales vendan en buenas condiciones.

Por eso, el timing suele favorecer más al vendedor que al comprador. Una empresa no suele elegir cualquier momento para salir a bolsa: intenta hacerlo cuando el mercado está receptivo, las valoraciones acompañan y hay apetito por su historia. Para la compañía puede ser un gran momento para captar capital; para el inversor, puede ser un precio exigente.

Para que lo entiendas mejor, puestos a elegir el momento de salir a bolsa, la empresa lo hará cuando compañías similares tengan precios más elevados, haya euforia porque la bolsa está alta y liquidez (dinero disponible).

Los estudios sobre sobreprecio en las salidas a bolsa apuntan en esa dirección. En una recopilación internacional de Loughran, Ritter y Rydqvist que recoge en un genial artículo Luis Ángel Hernández, explica que salidas a bolsa tuvieron rentabilidades anómalas negativas en los años posteriores: -20% en Estados Unidos, -8,1% en Reino Unido, -21,1% en Finlandia o -27% en Japón.

Fuente: Loughran, Ritter y Rydqvist, recogido por Salud Financiera en “No inviertas en salidas a Bolsa”.

Además, el interés inicial no siempre significa que la inversión vaya a funcionar mejor después. Puede ocurrir justo lo contrario: cuanto más entusiasmo se acumula antes de la salida a bolsa, más fácil es que el precio ya incorpore unas expectativas muy altas.

A esto se suman las campañas de marketing y road shows de la propia empresa. Cuando una compañía sale a bolsa, su CEO sale en todas las televisiones, podcast de finanzas, radios, canales de YouTube… Y sí, también dentro de las noticias que los brókeres envían a sus clientes. 

Así es como se crea un clima favorable y esa sensación de que debes entrar ahora o en cuanto puedas porque es una oportunidad de esas que pasan una vez en la vida. Lamentablemente, te digo por experiencia que ahí hay más de narrativa que de realidad. Los datos no sustentan el relato. 

En resumen, que no veas una IPO como una oportunidad diferente a la de cualquier otra inversión. Antes de invertir, debería pasar por el mismo filtro que cualquier otra decisión: entender el negocio, valorar el precio y comprobar si encaja dentro de una estrategia de inversión a largo plazo.

Qué hacer si aun así quieres invertir en una salida a bolsa

Que las salidas a bolsa tengan riesgos no significa que haya que descartarlas siempre si realmente es un negocio que te gusta. Lo que sí debes es analizarlo lejos de todo ese FOMO. ¿Cómo?

La primera idea es sencilla: esperar también es una decisión de inversión. No estás obligado a comprar el primer día. De hecho, muchas veces tiene más sentido dejar que la empresa publique resultados como compañía cotizada, ver cómo responde el mercado y comprobar si el precio empieza a apoyarse en datos y no solo en expectativas.

Una IPO no termina cuando empieza a cotizar. En muchas salidas a bolsa existe un periodo de lock-up, durante el cual fundadores, empleados o primeros inversores no pueden vender sus acciones. Cuando ese periodo termina, pueden llegar más acciones al mercado y el precio puede moverse con más fuerza. No tiene por qué caer, pero es una fecha que conviene tener identificada.

La segunda idea es igual de simple: Si aun así decides invertir, lo razonable es hacerlo con una parte pequeña de la cartera

🪐 Una salida a bolsa puede encajar como inversión satélite, que es la parte de tus inversiones que destinas a ideas concretas y apuestas personales. Sin embargo, nunca debería sustituir a una cartera principal bien construida. La base debería seguir siendo una estrategia core de largo plazo, diversificada y pensada para tus objetivos, no una apuesta concentrada en acertar la próxima gran empresa de moda.

Por eso, antes de comprar, conviene decidir qué porcentaje de tu dinero puedes destinar a este tipo de inversiones. Puede ser una parte pequeña para ideas más concretas o empresas que quieras seguir de cerca, pero sin poner en riesgo el núcleo de tu planificación. Esa separación ayuda a invertir con más criterio y evita que el entusiasmo de una salida a bolsa condicione toda tu estrategia de inversión a largo plazo.

Al final, invertir bien no consiste en entrar en todas las oportunidades que suenan atractivas. Consiste en construir una cartera que puedas mantener con criterio, incluso cuando el mercado se mueve en contra. En una salida a bolsa, esa idea es todavía más importante, porque el ruido inicial puede hacer que una decisión parezca más urgente de lo que realmente es.

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