Parejas: cuentas conjuntas o separadas

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Gestion financiera en parejas

No sólo a base de amor sobrevive una relación. El dinero es una parte importante de la vida en pareja hasta el punto que según un estudio de Sonya L. Britt y Sandra J. Huston, de la Universidad Estatal de Kansas y de la Universidad Tecnológica de Texas respectivamente, las finanzas son el  principal motivo de ruptura, por encima incluso de las infidelidades, el reparto de las tareas del hogar o problemas de alcoba.

La investigación desveló que los problemas económicos servían como un indicador adelantado de divorcio. De media una pareja discute por lo menos 2,4 veces al año por dinero, un ritmo que se mantiene a lo largo del tiempo. La diferencia entre los ingresos de uno y otro miembro y el uso que se hace del capital suelen ser los principales motivos de enfrentamiento.

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La mejor forma de evitar estos problemas es hablar de dinero sin tapujos para asegurar que los dos estáis en el mismo barco. A partir de ahí, el primer ejercicio tiene que ser decidir cómo se van a distribuir los ingresos, qué gastos serán comunes y en qué porcentaje los cubrirá cada miembro de la pareja. El segundo es, en teoría, más práctico y hasta cierto punto una consecuencia del anterior: tener una cuenta conjunta o mantener cuentas separadas.

Cómo distribuir los gastos

Si todavía no os habéis sentado a tener la conversación sobre dinero, es algo que deberíais hacer antes de iros a vivir juntos. Es fácil sorprenderse sobre qué gastos considera imprescindibles cada persona y quién piensa que debe pagarlos.

Hay partidas clave como los suministros del hogar, el alquiler o la hipoteca, la compra en el supermercado, imprevistos del hogar, ocio en conjunto o viajes en pareja que sí suelen ser compartidos. Sin embargo, hay otros en los que pueden surgir dudas y dependerá de cada pareja cómo distribuirlos. En este cajón cabrían desde el seguro de coche y la gasolina hasta las salidas con los amigos, el abono al fútbol o el teléfono móvil.

No hay una fórmula concreta que esté bien o mal y por eso a veces puede resultar complicado encontrar el equilibrio entre los que deben ser gastos compartidos y los individuales.

Lo que sí han demostrado diferentes estudios es que las parejas que comparten gastos son más felices que las que no lo hacen. Así, el informe “Money, Honey if You Want to Get Along With Me: Money Management and Union Dissolution in Marriage and Cohabitation” elaborado por el Centro de Investigación de la Familia y el Matrimonio en Estados Unidos descubrió que los matrimonios con cuentas conjuntas tienden a durar más que los que gestionan el dinero de forma individual. De hecho, el pasar a tener cada uno su cuenta era un indicio de posible divorcio.

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En este sentido, no es obligatorio compartir el 100% de los gastos. Guardar un 10% de lo que ganas solo para ti no te hará infeliz, pero según la investigación quienes comparten el 70% de sus finanzas están algo más tristes que quienes comparten el 80%.

Entre las razones por las que poner las finanzas en común funciona están el vínculo que se crea en la pareja y que gestionar así el capital familiar ahorra mucho tiempo en discusiones acerca del dinero.

Cuenta conjunta o cuentas separadas

Una vez tengas clara cuál es la distribución que quieres para tu dinero llega el momento de elegir qué cuentas quieres y cuántas: una cuenta conjunta o cuentas separadas.

Como casi siempre lo ideal está en el término medio. Dicho de otra forma, disponer de una cuenta conjunta para los gastos comunes y de una cuenta individual por persona para cada miembro de la pareja puede ser la mejor forma de combinar ambos mundos.

A partir de ahí, el porcentaje de sueldo que se destina a cada una de las cuentas es libre. Que cada miembro tenga un dinero del presupuesto global para sus gastos propios puede evitar discusiones sobre qué uso se hace del mismo. De hecho, desde el Banco de España recomiendan que cada persona disponga de su propia cuenta con dinero para sus caprichos personales porque es complicado que los dos tengan el mismo criterio de gasto.

Si las dos partes tienen 300 euros mensuales para su ocio particular se entiende que son libres de gastarlo cómo quieran y en lo que quieran, sin reproches por la parte de la otra persona.

¿Y las inversiones?

En el caso de las inversiones pueden surgir las mismas dudas que con las cuentas. No hay que olvidar que en este caso estamos hablando del ahorro que debe servir para alcanzar la libertad financiera y que, por lo tanto, suele ser a largo plazo. Sin querer ser agoreros, el amor no dura para siempre, pero lo que ahorres ahora determinará cómo vivas en el futuro. Es recomendable que el ahorro e inversión también sea conjunto.

Salvo en los supuestos en los que los perfiles de inversión sean muy diferentes, no tiene sentido que uno de los miembros de la familia tenga más libertad financiera, aunque sea el que más gane. Otra cosa diferente es que de su partida de presupuesto uno decida que quiere ahorrar también una parte para tener más seguridad, para hacer un regalo sorpresa a su pareja o para lo que sea.

Piensa que al invertir al 50%, comprar la casa al 50% y tener todo a medias, en caso de separación el reparto será equitativo. Esa es, de hecho, la clave de compartir las finanzas personales de la que hablábamos anteriormente.

En cualquier caso, cada pareja debe encontrar el punto de equilibrio que sirva para que no surjan después tensiones por el reparto del capital.

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